Argentina

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Diez días en Buenos Aires, Bariloche y Mendoza

El octavo país mas grande en el mundo, Argentina incluye un terreno increíble y variado, desde la Patagonia hasta los Andes. La mayoría de los viajeros disfrutan de su capital, que ofrece grandes hoteles, restaurantes, y barrios acogedores, antes de encaminar en una gran aventura, incluyendo Bariloche y Mendoza.

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Días 1 a 4: Buenos Aires

Al igual que su vasto interior, la capital de Argentina es un extenso mosaico. Durante el primer día de la visita, una excursión en automóvil nos llevará a descubrir sus barrios característicos: el colorido La Boca, el nostálgico San Telmo (con su mercado de pulgas los domingos, lleno de antigüedades y recuerdos en las pintorescas plazas adoquinadas) y la moderna y lujosa costa de Puerto Madero, cuya elegancia culmina en el Puente de la Mujer, diseñado por Santiago Calatrava.

El aristocrático Recoleta y el moderno Palermo merecen explorarse a pie. Después de recorrer el Cementerio de la Recoleta, disfrute de un paseo a pie por la Avenida del Libertador y Figueroa Alcorta, con una parada para admirar el Floralis Genérica, el monumento diseñado para la ciudad en 2002 por el arquitecto Eduardo Catalano. (Sus grandes pétalos de acero se abren todas las mañanas al amanecer y se vuelven a cerrar al anochecer.) Continúe en dirección noreste por la verde área de Palermo Chico para descubrir algunas de las mansiones más hermosas de la ciudad. Aunque muchas se han convertido en embajadas extranjeras, a principios del siglo XX solían ser los hogares de las familias más prominentes de la sociedad argentina. Doma, en el epicentro de Palermo Soho, está lleno de tiendas que ofrecen una amplia variedad de hermosas chaquetas de cuero de gran calidad y Humawaca crea bolsos y maletines únicos, ideales para regalar.

A juzgar por las heladerías presentes en cada esquina de Buenos Aires, el helado es tan prominente en la gastronomía porteña como el bistec. Cualquier caminata prolongada por la ciudad es una excusa para disfrutar de un helado, y, dada la cantidad presente de sucursales de Volta, Freddo y Persicco, es casi imposible resistir la tentación. El sabor que no se puede dejar de probar, en sus muchas variaciones, es sin duda el dulce de leche.

Los aficionados al arte contemporáneo deben planear visitar tanto el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) como la Colección Amalia Fortabat. Esta última es la colección privada de una heredera argentina de la industria del cemento, que contrapone obras de Turner, Klimt, Rodin, una gran variedad de maestros argentinos y retratos familiares creados por Andy Warhol y Antonio Berni.

Los amantes de la ópera deben asistir a una función en el legendario Teatro Colón, cuya acústica se considera una de las mejores del mundo. El Faena Hotel Buenos Aires es la sede de Rojo Tango, el más refinado y profesional de los innumerables espectáculos de tango de la ciudad; los lugares se terminan rápidamente, así que las entradas deben adquirirse con bastante anticipación. Después de admirar los movimientos de los bailarines y de tomar una clase o practicar un poco en una milonga local, las mujeres querrán llevar el calzado adecuado; pueden encargarse exquisitos stilettos a medida, especiales para bailar el tango, en la tienda Comme Il Faut, ubicada en Recoleta.

Los visitantes que deseen recorrer un poco más pueden tomar el ferri para visitar la población histórica de Colonia del Sacramento, que está ubicada en Uruguay, cruzando el Río de la Plata en línea recta, o pasar unas horas aprendiendo a jugar al polo en una estancia fuera de la ciudad. Claro está quienes prefieran pasar una tarde más distendida, con creaciones de repostería y conversación relajada, estarán en excelente compañía en Buenos Aires: el té de la tarde es una tradición de larga data en Recoleta, un antídoto bienvenido a la reserva para cenar estándar a las 22.30.

Aunque los bistecs que sirven pueden parecer idénticos, las parrillas argentinas suelen tener personalidades muy distintas. Cabaña Las Lilas es un clásico entre la gente de negocios, ideal para un almuerzo abundante al aire libre (en Buenos Aires, incluso los ejecutivos se toman el tiempo de disfrutar de suculentas comidas al mediodía), mientras que el joven y vibrante Miranda es ideal para un sábado por la noche. Pocos grupos han tenido una influencia tan grande en la cultura de la ciudad como la población de inmigrantes italianos. Por eso, cuando haya probado todos los cortes de carne imaginables, una buena opción es la pasta casera de Sottovoce. Después de la cena, puede visitar Milión o Thames 878 para disfrutar de cócteles artesanales alrededor de la medianoche, pero los visitantes no empezarán a sentirse argentinos hasta que no hayan visto el amanecer en el camino de vuelta a casa.

Días 4 a 7: Bariloche

San Carlos de Bariloche se encuentra a tan solo dos horas en avión de Buenos Aires, pero el norte de la Patagonia, con sus cristalinos lagos que reflejan las cimas aledañas y sus paisajes de relajantes tonos azules y verdes, parece estar a un mundo de distancia del trajín urbano. Sus veranos templados y sus inviernos mágicos hacen que los lagos argentinos sean un refugio alpino popular durante todo el año, adorado por los esquiadores, los amantes de la naturaleza y los residentes urbanos agotados que buscan serenidad y reposo. Aunque no hay lugares obligatorios que visitar, hay mucho para hacer: excursionismo, pesca, paseos en kayak, recorridos en bicicleta de montaña y cabalgatas son apenas algunas de las opciones de las que disponen los visitantes para admirar los magníficos paisajes de montaña.

Un final ideal para cualquier día de actividades al aire libre puede ser un relajante masaje en el spa del Llao Llao, famoso por sus fabulosos tratamientos, y una comida preparada con esmero en Cassis, una cocina familiar que sirve excelentes platos patagónicos con vegetales de su propia huerta.

Días 7 a 9: Mendoza

Mendoza

Desde el siglo XVI, la provincia de Mendoza en la zona oeste de Argentina ha sido una de las regiones con mayor producción de vinos del país y ofrece las condiciones ideales de temperatura, suelo y altura para producir vinos de alta calidad. Con los años, la zona ha evolucionado y se ha expandido, y hoy es una de las productoras más importantes de cosechas finas del mundo. Vale la pena conocer Mendoza, con las antiguas y ricas tradiciones de producción de vinos aún presentes, y las huellas de los pioneros que construyeron sistemas de irrigación que convirtieron el desierto yermo en las estribaciones de los Andes en regiones productoras de vinos de primer nivel.

Entre las numerosas regiones que forman parte de la Ruta del Vino de Mendoza, el Valle de Uco es una de las más celebradas por la calidad de su producción. Varias bodegas reconocidas a nivel internacional le dan la bienvenida a visitantes de todo el mundo, muestran el arte de la producción de vinos y ofrecen experiencias culinarias extraordinarias en las pintorescas áreas de la base del Cordón del Plata, como los locales llaman a los Andes cubiertos de nieve, donde los picos más altos del continente americano dominan el paisaje.

Si bien febrero marca la culminación de la temporada de vinos, celebrando la cosecha con coloridos festivales, la rica cultura y las tradiciones de la región se pueden disfrutar durante todo el año. La belleza agreste del inmaculado paisaje de los Andes también atrae a los viajeros que aman la naturaleza con numerosas oportunidades para practicar senderismo, rafting y otras actividades al aire libre.

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